miércoles, mayo 25, 2005

Uno de esos momentos impagables...

Ayer viví una de esas cosas que lo llenan a uno de alegría, y tal como dice la propanda de Mastercard, hay cosas que no tienen precio...

Ayer por la tarde, uno de los compañeros de Ariadna del jardín festejó su segundo cumpleaños, y llevó como invitado especial al dinosaurio Barney, el cual, como todos ya sabemos es un muñeco que a los adultos nos parece feo y tonto, pero que a los chicos de la edad de Ariadna les encanta...

La cuestión es que cuando Barney apareció, la cara de Ari se transformó de felicidad, los ojitos le brillaban de alegría de sólo mirarlo, y sólo decia con voz emocionada "Vino Barney!, vino Barney". Luego, por primera vez (ya que hasta ahora los muñecos muy grandes la asustaban), se acercó a darle un beso, y luego a darle un abrazo, y volvía a mis brazos emocionada con una sonrisa enorme y gritando de alegría...

Con el sólo hecho de verla así de contenta, ya puedo afirmar que fué uno de esos momentos impagables que jamás se borrarán de mi memoria y que agradezco haber vivido...

3 comentarios:

Lake dijo...

Qué lindo que lo compartas con nosotros. Sos un grosso man!

Fede dijo...

Yo seguro le diría "vino, Barney, dónde está el vino?"... pero porque de a poco fui perdiendo esa capacidad de disfrutar de las cosas más simples. Aunque de vez en cuando vuelvo a ser niño ;)
Me alegro Xel-Ha!

Xel-Ha dijo...

Cuando tenés un hijo, volvés a ser niño a la fuerza... te empezás a sorprender nuevamente de las cosas simples, y lo mejor de eso es poder difurtarlo a full... :)